martes, 26 de diciembre de 2017

¿Estudiar? WTF?




Cuando estaba en la Secundaria creía que para escribir una enciclopedia hacía falta un puñado de sabios que trabajasen siguiendo un orden (quizá simplemente alfabético) para una editorial y que eso les llevaría media vida.
En esa época, si quería escuchar música (dejando a un lado la radio, obviamente) tenía que ir a una tienda y comprar un disco, o comprar un cassette y pedirle a un amigo que me lo grabara. Si quería ver una película tenía que ir al cine o al vídeoclub. Para hablar con alguien que estuviera lejos tenía que llamarlo por teléfono. Si quería aprobar una asignatura tenía que estudiar, es decir, memorizar un conjunto de datos (o de fórmulas para aplicar) previamente extraídos de un libro o, en el peor de casos, copiados al dictado en clase. Para demostrar que había estudiado, tenía que repetir los datos memorizados en un examen.
Con el paso del tiempo he ido "desaprendiendo" muchas de estas cosas sin apenas darme cuenta. Colaboro con la mayor enciclopedia del mundo sin ser sabio, gratuitamente y sin dedicarle más que algún rato perdido, ya no compro discos para escuchar música, no voy al cine, puedo "hablar" con personas que están lejos sin telefonear...
Seguro que podría añadir más ejemplos de cambios en mi forma de relacionarme con la información y el conocimiento.
Sin embargo, mucho me temo que el acto de estudiar se sigue relacionando con la memorización de conceptos o complicadas fórmulas y con la repetición de procesos, como si nada hubiera cambiado tras las paredes de nuestras aulas.
Desde el advenimiento de la web 2.0 nuestros hábitos sociales y culturales se han alterado. El estudio también. Detrás de la palabra "estudiar" se esconden habilidades que antes no se consideraban. 
Las herramientas que brinda Internet no tienen el único efecto de hacer más rápido y eficaz el acceso al conocimiento, también transforman nuestra relación con él.
Estudiar hoy día tiene más que ver con examinar diferentes perspectivas, crear y comparar nuestras creaciones, proponer soluciones, saber aplicar ideas y gestionar emociones, colaborar, establecer conexiones dentro y fuera de nuestras mentes...Por no hablar de la cuestión del espacio y del tiempo. Es evidente que se puede "estudiar" en cualquier momento y lugar.
Si lo aceptamos o no, si preferimos que entrar en un aula se convierta en un viaje en la máquina del tiempo, es harina de otro costal.
Pero pretender que algo no ha ocurrido no significa que desaparezca. Los hechos son tercos.


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